Un grito en la niebla (Midnight lace, David Miller, 1960)

Esta tarde he visto este thriller de David Miller (Amor en conserva)

Un grito en la niebla es una adaptación a la gran pantalla, realizada por Ivan Goff y Ben Roberts (que ya habían tenido éxito con los guiones de El hidalgo de los mares o Al rojo vivo), basándose en la obra Matilda shouted fire (Matilda gritó fuego), de Janet Green.

Kit Preston (Doris Day) es una rica heredera americana, que lleva tres meses casada con Tony (Rex Harrison), un ejecutivo de las finanzas. Acaban de mudarse a Grosvenor Square, en Londres.

Uno de esos días con densa niebla, tan usuales en la capital londinense, Kit vuelve andando a casa desde la embajada de EEUU (donde ha tramitado algunos documentos), y pasando por un parque cercano, escucha una voz distorsionada, chillona que la llama por su nombre y la amenaza con matarla dentro de un mes.

Asustada, corre hasta su casa y se lo cuenta al marido. Poco después, recibirá una llamada cuyo interlocutor es el mismo del parque, profiriendo obscenidades y amenazas.

Dada la preocupante situación, Tony decide comunicarla a Scotland Yard, donde les atiende el Inspector Byrnes (John Williams, quien nos recuerda a ese otro inspector que interpretó en Crimen perfecto y a quien conocimos en el papel de padre de Sabrina, en la película de Wilder).

Al principio, no lo toman en serio. Primero, que puede ser un bromista. Después, que se trata de uno de tantos locos que hay en Londres, inofensivos en todo caso, que se excitan asustando a las mujeres.

No obstante, las llamadas se multiplican y Kit, además, cree ver a un hombre de aspecto desagradable  siguiéndola por la calle e, incluso, en su propia puerta.

Su marido intenta ayudarla, aunque anda más preocupado por un asunto del trabajo (alguien ha sustraído medio millón de libras de manera sigilosa de la cuenta de un cliente, pero uno de los hombres de confianza de Tony lo ha descubierto).

Una vecina y amiga, Peggy Thompson (cuyo marido está a menudo embarcado)(Natasha Parry)

y una tía de Kit, Bea, (interpretada por Mirna Loy), que viene a visitarla, intentarán darle ánimos y consuelo,

pero el asunto se agrava.

Las sucesivas amenazas, que siempre recibe Kit cuando está a solas, van haciendo mella en su salud mental. Tras un encontronazo con el sospechoso en su propia casa, o el episodio tan desagradable en el ascensor

o en la parada de autobús (al más puro estilo Hitchcock, en cuanto a suspense) que casi provoca su muerte, se decide someterla a examen médico e, incluso, se aconseja que acuda a un psiquiatra.

Ya no solo es el inspector. Incluso su marido cree que Kit está desequilibrada.

Si ya habían sido abundantes las escenas de suspense, el tramo final de la película provoca un vuelco en toda la argumentación cimentada hasta entonces, situando la angustia, tanto de la protagonista como del espectador, en niveles superlativos.

La trama de la película se desarrolla en dos vertientes:

– el suspense, provocado por la sucesiva aparición de personajes, cuya apariencia y/o comportamiento, les hacen merecedores de la calificación de “sospechoso” de las amenazas telefónicas. En este apartado, podemos citar a:

Malcolm Stanley (Roddy McDowall, a quien recordamos como el muchacho de Qué verde era mi valle), el hijo “problemático” de la mujer que realiza las tareas de la casa de Kit, que intenta sacarle pasta a ésta.

Brian Younger (John Gavin, quien ese año también protagonizó Psicosis), como el contratista de la obra que se está llevando a efecto en el edificio contiguo al de Kit. Siempre aparecerá cuando se ha producido alguna amenaza.

Roy Ash (Anthony Dawson, quien aparecía también en Crimen perfecto, en la escena clave de las tijeras), como el hombre con el rostro desfigurado, que acecha la vivienda.

Charles Manning (Herbert Marshall, recordado marido de Bette Davis en La loba), que trabaja para Tony y que parece tener problemas para el pago de las deudas ocasionadas por las apuestas.

– la angustia que se acrecenta en Kit (Doris Day) a pasos agigantados, y que nos hace pensar que terminará totalmente desquiciada. Es más, nos hace preguntarnos si todo responde a la realidad o es creación de su mente.

Su emotiva interpretación es muy elogiable. Es la que lleva la carga dramática del film y lo hace estupendamente. La vemos reirse y llorar con una “hermosura” tal, que no es extraño que fuera la actriz favorita y más taquillera en EEUU durante muchos años. Recibió una nominación a mejor actriz de drama en los Globos de Oro.

En el aspecto técnico, destaca, en principio, la hermosa banda sonora de Frank Skinner (todo un experto en melodramas, como los de Douglas Sirk o La mujer X, además de la querida comedia El invisible Harvey). Acompaña con maestría todos los estados de ánimo de nuestra protagonista principal (desde momentos románticos, hasta los más inquietantes y angustiosos, con un tramo final realmente espectacular).

La fotografía de Russell Metty (también asiduo colaborador de Douglas Sirk), en la que abundan esos maravillosos planos generales del melodrama, llenos de color, pero además, enriquecidos con unas escenas nocturnas y en la niebla, que literalmente causan “pavor” a quien las contempla.

El vestuario tan lujoso de los personajes, y especialmente, los trajes que viste Kit (Doris Day), a cargo de Irene Lentz, son realmente admirables. Ese vestido blanco, que la actriz llevó en alguna gala importante,

y ese traje de encaje negro (de ahí, el nombre original del film, Midnight lace) son recordados aún, muchos años después del estreno del film.

En definitiva, un notable suspense, con una trama que se sigue con interés y angustia, con un siempre notable Rex Harrison, en el papel del marido preocupado de su esposa, y  sobre todo, recordado por la sincera y emotiva interpretación de Doris Day, probablemente en uno de sus mejores papeles en el cine.

Calificación: 8,25

 

5 opiniones en “Un grito en la niebla (Midnight lace, David Miller, 1960)”

  1. Pingback: Anónimo
  2. Con ese comentario sobre la niebla ya me has intrigado. Me gustan ese tipo de atmóferas: frías, gélidas, neblinosas…

    He visto poquito a Doris Day, y siempre en registros más alegres. Será interesante verla en este tipo de papel.

    ¡Muchas gracias por la recomendación, tomaszapa!

    1. No las merezco, bueno sí, jajaja. Te la recomiendo porque verás a una Doris Day, desconocida, alejada de aquellas comedias que la hicieron famosa. Yo pillé esta edición de un periódico y la verdad es que disfruté enormemente. NO es difícil de encontrar.

  3. Jajaja, claro que las mereces. No te quietes el mérito, hombre. Además, ya sabes que siempre hablo desde el corazón. Se me nota, jajaja.

    Un saludo.

    1. ¡Vaya! Me acabo de dar cuenta de que puedo responder dentro del mismo bloque de mensajes pulsando la flechita del reply, jajaja. Despistadilla que ando. Intentaré hacerlo así a partir de ahora 🙂

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