Tal como éramos (The way we were, Sydney Pollack, 1973)

Ayer por la mañana “saldé una deuda pendiente”. Tras años teniendo el dvd de esta película, me decidí a ver una grabación de la televisión.

Tal como éramos – Los años felices- es un drama romántico, basado en los recuerdos de Arthur Laurents (famoso guionista, con títulos como La soga, Anastasia o Paso decisivo, y creador de maravillas en Broadway, como West side story) de su época de estudiante universitario en la Universidad de Cornell, situada en la ciudad de Ithaca, en el estado de Nueva York, y de su experiencia personal con el Comité de Actividades Anti-americanas (fue llamado a declarar a Washington, como otros artistas, directores o guionistas del Hollywood de los años 40).

Hay varias conexiones de Laurents con la protagonista del film, Barbra Streisand. Cuando esta era desconocida, la dirigió en alguna obra de teatro, a principios de los 60, que la ayudó enormemente en su propósito de llegar a ser estrella.

Años más tarde, decidió que una judía debía ser la estrella de su proyecto. La única con cierto renombre en la época era Barbra Streisand. El papel que escribió para ella se basaba en sus recuerdos de la Universidad, donde había una chica, miembro de las Juventudes Comunistas y enemiga atroz de Franco, que apoyaba a los Republicanos en la Guerra Civil española. Para ello organizaba mítines y lo que ella denominaba “huelgas por la paz” (exactamente como aparece en la película), con tal energía que quedó en el recuerdo de Laurents durante años.

Arthur Laurents también recordó a un profesor de Universidad que le animaba enormemente a escribir obras de teatro, por su habilidad para manejar los diálogos.

Pensó en un principio en una relación entre la judía protagonista y su profesor, pero más tarde concluyó que la pasión que a ella le movía era más la política que la escritura.

Por tanto, creó un personaje masculino (que interpretaría Robert Redford finalmente, aunque en un principio lo escribió para Ryan O´Neal) que tuviera cierta habilidad para escribir pero que no tuviera la misma determinación o entusiasmo que ella, para llevarla a cabo.

El propio guionista sugirió al director Sydney Pollack (le había gustado mucho Danzad, danzad malditos). A Ray Stark, el productor, no le entusiasmaba la idea, pero accedió al saber que Pollack traería consigo el compromiso de Robert Redford de participar en el film, como protagonista masculino.

Además, Streisand apoyó la decisión, pues acababa de romper con O´Neal y no quería hacer una película con él.

Ya tenían protagonistas y director.

El film empieza con un flash-back. Katie Morosky (Barbra Streisand), terminada la Segunda Guerra Mundial, se encuentra en un baile con un adormilado Hubbell Gardner, con uniforme militar (Robert Redford, de blanco, guapísimo). Le toca el pelo (costumbre muy suya) y comienza a recordar sus años en común en la Universidad de Cornell, unos años antes. Al mismo tiempo, comienzan los títulos de crédito y las primeras notas de la hermosísima “The way we were”, escrita por Alan y Marilyn Bergman, con música de Marvin Hamlisch.

Katie es una activista de izquierdas, entusiasta, siempre organizando mítines contra los fascistas. Además, es judía.

Todo lo contrario que Hubbell, un atractivo joven, un WASP (siglas correspondientes a protestante blanco anglo-sajón).

A modo anecdótico, señalar que este grupo, el de los WASP, tuvieron el poder en los EEUU durante el siglo XIX y parte del XX. Precisamente, la Segunda Guerra Mundial acabaría con su supremacía, en favor de otros grupos, como Católicos o Judíos.

Enseguida vemos la diferencia que hay entre los dos, y pese a ello, cómo hay algo de uno que al otro le atrae y viceversa (es cierto eso de “los polos opuestos se atraen”).

A ella le agrada enormemente el aspecto físico de él (está enamorada) y su facilidad innata para la escritura. A él le gusta y atrae la capacidad de ella de mover a las masas, de hacerlas pensar con el entusiasmo que impregna en sus actividades.

Un breve encuentro que no llegará más lejos (hablan de un tema tan “ligero” como la boda del Duque de Windsor con la señora Simpson -véase El discurso del rey-) será el preámbulo de una vuelta al presente.

Katie, que ahora trabaja escribiendo guiones para la radio (actividad que había realizado el  creador de la obra, Laurents), ve de nuevo a Hubbell, oficial de la marina, que intenta volver a su vida civil. Esta vez, ella pondrá todos los medios para que no se le escape.

Se enamoran y a pesar de sus diferencias, incluso de carácter (ella explosiva, él más tranquilo) deciden vivir juntos.

A continuación, y a lo largo del film, contemplamos como siempre ocurre algo que les enfrenta. A ella no le gusta la superficialidad de los amigos de él. A cambio, ella tampoco cae excesivamente bien por su radical postura política y su sentido del humor (en público tan escaso).

Se traslada a Hollywood, donde él es contratado para guionizar un libro suyo. Allí, Katie trabará amistad con intelectuales de la Meca del cine, en los momentos en que desde Washington, un comité creado por el Congreso de los EEUU, perseguía cualquier actividad comunista desarrollada entre quienes hacían películas (el Comité de actividades anti-americanas). También esto, será motivo de enfrentamiento en la pareja.

Años más tarde, al final del film, ambos recuerdan aquella época, como “los años felices”,  añorando “como éramos, como nos comportabamos” (“the way we were”).

El film sirvió como vehículo de “lucimiento” a Barbra Streisand. Esta, como alguna que otra  actriz (véase Katharine Hepburn), despliega esos gestos, ademanes y maneras, tan característicos (que podrán gustar más o menos) pero que la distingue de otras. Se muestra entusiasta, viva, alegre, enfadada, triste…enamorada y desenamorada. Le valió una merecida  nominación como mejor actriz en los Oscar.

Robert Redford no lo tiene fácil. Pero cumple sobradamente en un papel “menor”. Casi siempre se ve arrastrado por el ímpetu de su pareja, pero en ciertas escenas destila clase e incluso, emociona (el final es ejemplo de ello). Eso y su sola presencia en pantalla    brillan por sí mismas.

Desde el punto de vista técnico, prácticamente todos los apartados son más que notables.

La extraordinaria música de Marvin Hamlisch, que va más allá de la genial The way we were, es romántica, emotiva y nostálgica. Fue todo un éxito, logrando los Premios de la Academia a la mejor banda sonora dramática y a la mejor canción.

La fotografía tan evocadora de Harry Stradling, Jr. también recibió nominación. Hay que mencionar, además, la dirección artística o el vestuario, que nos traslada a los años 30 y 40, con sobresaliente resultado. Ambos apartados merecieron nominación.

En definitiva, un drama con mucho romance, que supuso un éxito comercial a la pareja protagonista, basándose en la química entre ambos, arropado con una música extraordinaria y otros apartados técnicos realmente elogiables, que retratan una época fascinante de la América del siglo XX.

Si bien y aunque el propio guionista (y protagonista de los recuerdos plasmados en pantalla), Arthur Laurents afirmara que “la película podría haber quedado mejor” (pensaba que en pantalla se veía más a los actores que a los personajes que interpretaban o que Streisand exageraba su acento), la realidad es que es un film notable, que te traslada con facilidad a esos años (30 y 40), y que si eres fan de la Streisand (para bien o para mal hace los proyectos en que participa muy suyos) lo disfrutarás sin disimulo.

Calificación: 8.

 

 

 

3 opiniones en “Tal como éramos (The way we were, Sydney Pollack, 1973)”

  1. Pingback: Anónimo
  2. Pues todavía no he visto la película y lo cierto es que nunca ha despertado suficientemente mi interés. Tengo la sensación de que me resultará aburrida.

    Por cierto, no tenía ni idea de que Ryan O´Neal hubiese sido pareja sentimental de Streisand, jajaja. De hecho, hubiese sido su segunda película juntos tras “¿Qué me pasa, doctor?”, ¿no es cierto?. Jajaja o sea, que se libró de trabajar con su ex.

    La verdad que es que la Streisand tiene fama de mujer temperamental y complicada. Y siempre me lo ha parecido a simple vista.

    Un saludo.

    1. No te quepa duda. Pero entiendo que para llegar a donde ha llegado esta mujer (a triunfar en el cine, en el teatro y en la música), siendo mujer y además, con una belleza heterodoxa, tienes que tener mucha determinación y mucho carácter.
      A mi me encanta como cantante. Como actriz, creo que cumple (en algunos papeles está mejor que en otros, pero es Barbra siempre). Y como directora tiene dos maravillas como son El príncipe de las mareas (grandísima película) y Yentl.

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