Picnic (Picnic, Joshua Logan, 1955)

Esta tarde he visto Picnic, de Joshua Logan.

Daniel Taradash (que ya había llevado al cine con éxito la novela de James Jones, en “De aquí a la eternidad”, y que le valió un Oscar) adaptaba al cine nuevamente otra gran obra. En esta ocasión, era la ganadora del premio Pulitzer dos años antes, con el mismo título, de William Inge.

Como muchas de las obras de Inge, Picnic retrata fielmente y con todo lujo de detalles, la vida, usos y costumbres de los habitantes de los pequeños pueblos de la América profunda, concretamente del “mid-west”.

La acción se desarrolla en un pequeño pueblo de Kansas (Inge nació allí), donde la vida parece transcurrir sin sobresaltos. A él llega, en un tren de carga, un guapo joven, Hal Carter (William Holden) con lo que lleva puesto, como único equipaje, pero con toda la ambición del mundo por llegar a lo más alto.

Pronto conocerá a la chica más guapa del pueblo, Madge Owens (Kim Novak), que de inmediato se fija en Hal.

Vive con su madre, la señora Owens (Betty Fields) y con su hermana pequeña, la intelectual Millie (Susan Strasberg). Junto a ellas, y alquilada, vive una maestra solterona, Rosemary (Rosalind  Russell) y tienen de vecinas a una señora mayor muy agradable, la señora Potts (Verna Felton).

Precisamente ésta será la que le ofrezca a Hal su primer trabajo (algunas chapucillas, como limpiar el jardín). Pero Hal tiene mayores pretensiones. Acude a su amigo de la Universidad, Alan Benson (Cliff Robertson), hijo de un potentado empresario del grano, y además, el prometido de Madge, en busca de un trabajo.

Desea subir rápido a la cima del éxito, pero deberá “ser paciente”, y por tanto, empezar desde abajo.

Pronto, su desparpajo, además de su agradable aspecto físico, causarán sensación en todos los del pueblo. De hecho, lo invitan a un picnic, el del famoso Labor Day (el primer lunes de septiembre), donde todos van al campo a disfrutar de juegos, música y otras actividades, y donde las parejas van a disfrutar de su amor.

La jornada transcurre con bastante normalidad, festiva y armoniosa, hasta que el alcohol (que, de tapadillo, lleva el pretendiente de la maestra, el señor Howard (Arthur O´Connell)) transformará el espíritu de los allí presentes y provocará situaciones muy desagradables.

Estamos ante un sobresaliente drama que nos introduce en el deseo, como elemento central que justifica los distintos comportamientos aquel día. El guión nos permite seguir a  toda una serie de personajes, muy bien dibujados, en sus rutinarias vidas, que se verán sacudidas por la presencia de nuestro protagonista.

Holden aparece guapo y muy sensual en pantalla. Apreciamos su “deseo de comerse el mundo”, su ambición, pero también su impaciencia e, incluso, sus limitaciones.

Novak está guapísima. De hecho, la nombran la “reina del Neewollah” (Halloween, al revés), por su extraordinaria belleza). Es una chica que pretende una vida normal y no la que desea para ella su madre.

Todo el reparto está sublime, aunque destaca enormemente, la maestra, interpretada por Rosalind Russell. Pese a su creencia de que puede vivir perfectamente sola, realmente siente que debe ·”coger el último tren del amor”. Será quién desencadene todo el final de la trama, que para ella tendrá un “final feliz”.

Una madre que quiere “lo mejor para su hija”, confundiéndolo con lo que es “mejor para ella”, una hermana que admira pero envidia a la otra, una vecina sensata y otros personajes nos permiten disfrutar de una jornada de picnic, en el Labor Day, realmente inolvidable.

En el aspecto técnico resalta, sin duda, el cinemascope, el formato en que se rueda el film, que unido a la hermosísima fotografía en color de James Wong Howe, nos traslada al final del verano en los años 50, a un pueblecito más de la América profunda.

También es remarcable la hermosa banda sonora, a cargo de George Duning.

La película obtuvo dos Premios de la Academia (mejor dirección artística en color y mejor montaje, además de otras nominaciones a la mejor película, la mejor dirección, mejor música y  mejor actor secundario (O´Connell). Pero aquel año, la gran triunfadora fue la modesta Marty.

Aunque el film ha pasado a la historia, sobre todo, por la famosa escena del baila sensual entre los protagonistas, hay que decir que toda la trama es absolutamente disfrutable y que logra que nos pongamos en la piel de todos y cada uno de los personajes, principales y secundarios, haciéndonos sentir sus ilusiones y deseos, incluso los más ocultos, sus miedos y sus miserias.

Calificación: 9,25.

 

4 opiniones en “Picnic (Picnic, Joshua Logan, 1955)”

  1. Últimamente estás viendo todas las películas que me gustan jajaja

    “Picnic” es otra de ellas, faltaría más. Es fantástica. No me canso de verla.

    Es cierto todo lo que comentas, a mí también me interesa mucho el personaje de la profesora solterona. Pues a pesar de que es Holden el que revoluciona a tod@s, la maestra tiene un papel fundamental en la trama. Me gusta especialmente su personaje.

    Como dices, la escena de baile es inolvidable. Igual que toda la parte del Picnic. Aunque la película deja muchos momentos grabados en tu retina: la llegada del protagonista en el tren, esa escena en la que Holden se lava con el torso desnudo provocando la revolución de todas las féminas jajaja, la gran frase que suelta Kim Novak: “Estoy harta de que me digan lo guapa que soy”…

    Inolvidable, desde luego. Retrata muy bien la época, la doble moral, la represión, el miedo a vivir, el miedo a lo diferente, etc.

    Gran película. De las que contienen bastante más de lo que aparentan.

    1. Me encanta que te guste. REalmente, es preciosa. Me gusta mucho cuando los personajes, incluso el más insignificante (el chico de los periódicos o el pretendiente de la solterona) tiene tanta enjundia, y están tan bien definidos en la peli. Hoy en día, no se hacen películas como esta. A lo sumo, y con suerte, hoy nos gustan dos o tres personajes de una trama. En esta película, hay como 15 personajes fascinantes y distintos. Por eso es tan buena.

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