Marty (Marty, Delbert Mann, 1955)

Ayer tarde volví a ver una de mis favoritas desde hace años: Marty, la historia entrañable y humana de un sencillo carnicero del Bronx.

La idea original,que daría pie al episodio televisivo, y posteriormente, a la película de cine, surgió por casualidad.

Delbert Mann (director del film) y su amigo, Paddy Chayefsky (guionista) se encontraban en Nueva York, en el salón de baile del Abbey Hotel, que entre semana tenía usos diversos, pero los viernes por la noche servía como lugar de divertimento de un determinado Club de Amigos de la ciudad.

Chayefsky se dio una vuelta por el lugar, descubriendo, casualmente, un cartel que ponía : “Chicas, bailen con el hombre que se lo pida. Recuerden, los hombres también tienen sentimientos”.

Inmediatamente le habló a Mann sobre la posibilidad de crear una historia en torno a una mujer. Sin embargo, más tarde, pensándolo mejor, creyó que lo más conveniente e interesante sería que el personaje central fuera un hombre.

Ese fue el embrión de una historia sencilla que se llevó a la pequeña pantalla en 1953. Contaba las vivencias de un carnicero del Bronx, sencillo y trabajador, que tiene enormes dificultades para salir con chicas, y se desespera en esa búsqueda del verdadero amor.

El episodio televisivo, protagonizado de manera destacada, por Rod Steiger (en el papel de Marty) y Nancy Marchand (en el papel de Clara), fue todo un éxito de lo que se llamó posteriormente, “la edad  dorada de la televisión”.

En 1954, el actor Burt Lancaster, el productor Harold Hecht y el guionista James Hill crearon una productora, cuyos primeros trabajos (Apache, Veracruz) fueron muy elogiados.

Un año más tarde, decidieron llevar al cine ese guión de Chayefsky. Este modificó ciertos aspectos de la trama, añadiendo más enjundia al papel de Clara y dando más importancia al tema de las aspiraciones profesionales de Marty o a los diálogos de la propia madre y la tía del protagonista.

Marty es un solterón, de origen italiano,  al que le sobran kilos y le falta belleza. Como otros amigos suyos, pasa el tiempo libre del que dispone en el bar o en el salón de baile, intentando con menos suerte aún que sus compañeros, conseguir un ligue.

Ha sufrido tanto en el empeño que últimamente pasa más tiempo en casa. Su madre se lo recrimina (como por otra parte, hace toda su clientela de la carnicería) diciéndole que “se va a quedar soltero y que no tendrá hijos”.

Cuando, una vez más, acude al salón de baile (Stardust), parece que el destino le otorgará una oportunidad única.

Marty Piletti, interpretado soberbiamente por un inédito en esta clase de roles (protagonista y además, de buen corazón) Ernest Borgnine, encuentra la réplica en asuntos de amor en Clara, interpretada eficazmente por Betsy Blair. Clara es una profesora de instituto inteligente y buena persona, que la vida también ha tratado miserablemente en el aspecto sentimental.

Enseguida conectan. Son dos almas solitarias que encuentran calor, uno en el otro. No obstante, a continuación, Marty deberá solventar distintas cuestiones si realmente desea ser feliz en el amor.

Este film no solo trata del amor. También de la familia y los distintos problemas que comúnmente se presentan en ella. Como la madre de Marty (una gran Esther Minciotti), o su tía (Augusta Ciolli), hay otras muchas que, viudas, llevan la casa para adelante y ven crecer y casarse a sus hijos, y cuando menos se lo esperan, están solas, teniendo aún mucha vida por delante.

Del mismo modo, hay muchos hijos y nueras que se casan para vivir “su propia vida”, creando “su propia familia”.

Y también trata de las pequeñas grandes aspiraciones de la gente normal en su trabajo, con sus amigos… y en la vida, en general.

En el aspecto interpretativo, aunque todos cumplen su cometido perfectamente, luce por encima de ninguno, Ernest Borgnine. Naturalidad y ternura a rebosar es lo que ofrece este  corpulento actor. Lo ves reir y te ríes con él, lo ves sufrir y llorar, y también a ti se te encoge el corazón. Merecidísimo sin duda el Premio al mejor actor protagonista que consiguió en 1955.

También recibió recompensa (y aquí entramos en el apartado técnico) su director, Delbert Mann, que prácticamente era inédito en su faceta en el cine, aunque contaba con cierto bagaje televisivo (Oscar a la mejor dirección), así como su guionista, Paddy Chayefsky, por una historia simple, pero muy bien contada, que llegaba directamente al corazón del espectador. La mayor sorpresa, sin duda, fue cuando se anunció que Marty era la mejor producción del año (mejor película en los Premios de la Academia).

Aunque no ganó (pero si fue nominada), cabe destacar la sobriedad, que tan bien viene a esta película, que ofrece tan brillantemente, el blanco y negro empleado por Joseph LaSelle (antes, con Laura y después, con El apartamento, seguiría dando muestras de su maestría en su profesión).

Además, el film recibió dos nominaciones en los apartados de actriz de reparto (Betsy Blair) y de actor de reparto (Joe Mantell), en el papel de Angie, el mejor amigo de Marty. Y finalmente, una nominación infructuosa a la mejor dirección artística, que incide en esa sobriedad de decorados y localizaciones del Bronx neoyorquino de los años 50.

Marty, vista desde la perspectiva actual, quizá a algunos no llame la atención. Pero en aquel momento fue toda una sorpresa, debido a la sencillez y honestidad de la propuesta.

En una época en que los grandes estudios pretendían atraer al público, que ahora estaba enganchado a la pequeña pantalla que había en su sala de estar, con propuestas espectaculares, de presupuesto desorbitado (Los diez mandamientos, La vuelta al mundo en 80 días, Gigante, etc…), apareció una modesta película que trataba con absoluta veracidad los problemas cotidianos de la gente corriente. El resultado es que mucha gente se vio reconocida en la pantalla y el film fue un absoluto triunfo, consiguiendo todos los premios (los citados, además de la Palma de Oro del Festival de Cannes) y lo más importante, el cariño de la gente.

 

Calificación: 9, 50.

 

 

4 opiniones en “Marty (Marty, Delbert Mann, 1955)”

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  2. Me alegra especialmente que hayas decidido hablar de “Marty”. Es una película especial, diferente a todo. Y eso que la vi hace muchísimos años. Ahora, tras leer tus palabras me apetece volver a verla.

    Lo que más recuerdo (como casi todos, imagino) es la gran interpretación de Ernest Borgnine. Es cierto lo que dices, ríes y lloras con él, porque te ves identificado en ciertos aspectos. Lo entiendes y te gustaría atravesar la pantalla para decírselo. Realmente conmovedor.

    También conmovía la bondad de Betsy Blair. Ellos dos son lo que más recuerdo de la película.

    Supongo que es una de esas pequeñas grandes películas, que como bien has dicho, no pretende deslumbrarte en el aspecto visual, pero te llega directa al corazón.

    Otra para la lista de revisiones jajaja. Me va a faltar tiempo, y eso que ahora tengo bastante, mal que me pese.

    Un saludo.

  3. Se nota que tienes una sensibilidad especial, Campanilla. Esta película también la muestra. Sin embargo, trata de temas usuales, de la calle, pero tan normales, que en Hollywood durante años, se olvidaron de tratarlo.
    Tuvo que venir la televisión a poner las cosas en su sitio. La dirección es muy televisiva, pero eso en mi opinión, es una virtud: hace que el espectador se centre simplemente en una historia sencilla y sincera.

    Gracias por compartir tus pensamientos, Campanilla

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