Los descendientes (The descendants, Alexander Payne, 2011)

Definitivamente, mereció la pena tanta espera. Alexander Payne, tras 7 años desde la última vez que dirigió un proyecto (la aclamada Entre copas, en 2003), tiempo en el que pasó por el trance de una difícil separación (estaba casado con Sandra Oh, la que fuera protagonista de ese trabajo), emprendía una nueva aventura en la dirección.

En este caso, se trataba de adaptar a la gran pantalla,  la novela The descendants, de la escritora hawaiana Kaui Hart Hemmings, relativa a un abogado que, además de administrar el legado de toda su amplia familia hawaiana (básicamente, una gran extensión de terreno virgen, en la isla de Kauai, heredada de sus antepasados), tiene que lidiar con unas hijas a las que desatendió durante mucho tiempo y con una esposa que, en coma prolongado, tiene ya cerca el desenlace final.

El guión del film, a cargo del propio Payne, junto a Nat Faxon y Jim Rash (ambos actores, comendiantes y “todo-terrenos” en el “show-business”) acabó siendo un acierto, cosechando elogios de toda la crítica y recibiendo el Premio de la Academia al mejor guión adaptado en 2012.

Matt King (George Clooney) es un abogado de Honolulu, cuya plena dedicación a su trabajo, parece haberle quitado el tiempo necesario para estar con su familia, esto es, con su mujer, Elizabeth (Patricia Hastie) y sus dos hijas, Scottie (Amara Miller), que tiene ahora 10 años, y la mayor, Alex (Shailene Woodley), que tiene 17 años.

En esta situación, recibe la noticia de que su mujer ha tenido un grave accidente esquiando en la playa de Waikiki, y se encuentra en coma. Tendrá que hacerse cargo de sus hijas, a las que, después de tanto tiempo, ajeno a sus vidas, casi desconoce.

La pequeña Scottie es algo traviesa, aunque muy inteligente. Su vocabulario (en el que abundan los tacos) se ve mediatizado, desde luego, por la influencia de su hermana mayor.  Alexandra, por su parte, está creciendo de manera rebelde. Con su padre fuera, y con una madre con la que no congeniaba, simplemente se apoyaba en sus amigos, especialmente en Sid (Nick Krause), un risueño muchacho, de apariencia simplona.

Además, están los abuelos maternos, Scott (Robert Foster), siempre malhumorado y más en el estado en que se encuentra su pequeña, y que echa en cara a Matt la poca dedicación a su familia, y la abuela (Barbara L. Southern), que aparece risueña pero desmemoriada, a causa del Alzheimer que padece.

Desde que Matt conoce por los médicos del Queen´s Hospital que su mujer no se va a recuperar y procederán a dejarla marchar (como era su deseo en vida), los siguientes días y semanas, estarán muy ocupados, informando a sus amistades y familia para que puedan despedirse de ella, y además, vivirán la mayor y más “surrealista” de las aventuras de sus vidas, y en el camino, irán formándose aquellos lazos familiares que parecían rotos o inexistentes.

George Clooney está simplemente magistral. Todo el hilo argumental gira en torno a Matt. Su presencia es permanente en pantalla. Su interpretación abarca una variedad de registros, así como de gestos, siempre tan naturales, nunca forzados o exagerados, que acaban por redondear una interpretación simplemente única.

Nominado al Oscar al mejor actor principal, recibió el Globo de Oro en la categoría de mejor actor dramático. Quizá sea la mejor interpretación de toda su carrera (en plena ascendencia tras su valioso trabajo en Up in the air).

Shailene Woodley aporta ira, frustración, descaro y ternura a su papel de Alexandra. Se comporta igual de natural en pantalla como cualquier joven de su edad en la vida real. La química que se produce con su padre conmueve enormemente. Logró la nominación en el apartado de mejor actriz de reparto en los Premios de la Academia de 2012.

Igual de sincera en la interpretación se muestra la pequeña Amara Miller. Scottie, su personaje, es la pequeña de la casa y el ojito derecho de su padre y hermana. Su inocencia choca con la gravedad de la situación familiar. Emociona enormemente cuando conoce la cruda realidad.

Robert Foster aporta el elemento temperamental, necesario en este drama cómico o comedia dramática. Su fuerte presencia es idónea, pues mezcla gestos realmente cómicos que se tornan en pura ternura, ante el drama que viven.

El resto del elenco de actores también raya a gran altura. Incluso la presencia de abundantes extras nativos del territorio, es un acierto pleno. Nos sumergen con gran verosimilitud en el terreno que habitan. Nos sitúan en Hawaii.

De la misma manera, la música presente, toda ella basada en canciones de las islas, nos conecta con el lugar y la historia.Otro logro del film.

Mención especial merece la fotografía de Phedon Papamichael. Nos retrata al Hawaii conocido, al soleado de playas y terreno vírgenes, pero también al nublado de pobres, enfermos y gente normal que viven sus normal existencia, ajenos a la imagen de postal.

El montaje de Kevin Tent es maravilloso (también nominado en los Oscar). Logra que nos sintamos, constantemente, en una “montaña rusa” emocional. Desde las situaciones más graves hasta las más cómicas, nos abre un sinfín de momentos mágicos y especiales.

En definitiva, que Alexander Payne ha vuelto por todo lo alto. Que es un grandísimo director (recibió una nominación en los Oscar de este año), que además, escribe con gran calidad. Que emociona, que conoce al ser humano y lo complejo de su comportamiento y sus sentimientos.

Además, sabe elegir a los actores apropiados. Aquí desde los más jóvenes hasta los más mayores, y especialmente Clooney, están simplemente maravillosos.

Y que su elección de los escenarios hawaianos no es por casualidad. La historia que se nos presenta, la agónica despedida de alguien, al mismo tiempo que la recomposición de algo tan importante, como la familia, requieren de suficiente tiempo para que todos los elementos “maduren” o se “cocinen” sabiamente.

Calificación: 9,75.

12 opiniones en “Los descendientes (The descendants, Alexander Payne, 2011)”

  1. Pingback: Anónimo
  2. Totalmente de acuerdo con tu reseña, amigo tomas: incluso me han entrado ganas de volver a verla… a pesar de que en su tramo final no pude evitar soltar más de una lagrimilla.

    Saludos 😉

    1. Antes que nada, muchas gracias por pasarte por el blog. Estás en tu casa, y lo sabes, pero no te comas lo poquito que hay en la nevera, jejeje.
      La verdad es que Alexander Payne me tiene cautivado, sobre todo con Entre copas y Los descendientes. Creo que sabe conjugar muy distintas emociones, todas las cuales llevamos dentro y dependiendo de las circunstancias, nos salen a flote a todos, en mayor o menor medida.
      Es un cine que logra que el espectador, por tanto, se identifique claramente. A esta gente le pasa cosas inusuales, pero perfectamente lógicas.
      Y te digo que hay que tener mucha maestría (además de haber bebido de los grandes, como Wilder y otros) para dirigir de esta forma, sin que en muchas ocasiones, se roce o se pase directamente al ridículo. Hay un fino hilo entre lo conmovedor o gracioso y lo chabacano, y Payne se mueve en ese alambre como pez en el agua.

      Saludos para tí también, y vuelve cuando te plazca, amigo.

      1. De Payne tan sólo he visto ésta y la primera que hizo, Election, que me pareció en su momento una peli tan buena que se convirtió de inmediato en una de mis preferidas de los últimos años: y teniendo en cuenta que es un director con una filmografía tan escueta, y cuya ópera prima me gustó tanto, me parece absolutamente imperdonable no haber visto a estas alturas A propósito de Schmidt y Entre copas… en fín, a ver si le pongo remedio cuanto antes.

        Saludos y gracias por tu hospitalidad 😛

        1. Ambas son de obligado visionado. Con Entre copas tengo una debilidad enorme. Me encanta no sólo la historia y las interpretaciones, sino los escenarios, que corresponden con la ruta que seguiría un buen aficionado al vino (lugares de catas, buenos restaurantes…), en la zona vinícola de California. El tema del vino, que produce tantas metáforas (y que tan bien son usadas aquí) y que además, es la “excusa” perfecta para que los personajes se liberen y se muestren de manera distinta y especial…todo ello hacen de esta una de las mejores películas de los últimos tiempos.

          la de Schmidt, aunque tiene momentos gloriosos de comedia, casi siempre roza más la amargura. Lo mismo que en Los descendientes vemos a un Clooney diferente, en esa, vemos a un Nicholson muy distinto. Y esto con la carrera tan extensa que ya tenía no es moco de pavo.

          Otro saludo para ti. es lo menos que te mereces.

  3. Pues yo ando igual que Marvin jajaja, me encantó “Election” y me sigue pareciendo una gran película. Después, también he visto “A propósito de Schmidt” y también me gustó, algo menos, pero me gustó. Me faltan “Entre copas” que me la han recomendado muchísimo, su corto de “Paris je t’aime” y “Los descendientes”. Pero sé que también tiene una primera película titulada “Citizen Ruth” de la que no sé gran cosa ni si merecerá la pena.

    A ver si pronto le pongo remedio y las veo todas.

  4. Campanilla me ha hecho caer en la cuenta de que la ópera prima de Payne en realidad fue Citizen Ruth, que recuerdo del Fotogramas de la época casi exclusivamente por tratar el tema del aborto, estar protagonizada por mi adorada Laura Dern y tener una pequeña colaboración de Burt Reynolds: otra más que añadir a la lista.

    ¿Nos montamos un ciclo Payne, Campanilla?: a tomas lo dejamos fuera que parece que ya se ha visto todas 😉

  5. Gran crítica como siempre Tomas, la vi hace poco y me gusto aunque no a tu nivel. Cloney me parecio que estaba genial y no en su típico papel de tio wapo (Que no digo que no lo sea, hay ya no entro, esos temas mejor para campanilla xD) aunque tengo que decir que es un actor que me cuesta reconocer su trabajo, será por lo dicho antes que siempre he visto películas en las que es un “waperas” por llamarlo de alguna manera, sin embargao en esta me ha transmitio muy bien su personaje.

    Tengo que ponerme más películas de Cloney, no es un actor que adore pero tampoco me parece mal actor.

    1. Antes que nada, gracias leoky por tu opinión y por entrar a comentar. Ya te digo, coincido en que anteriormente a mí, Clooney tampoco me llamaba la atención. Pero en esta y anteriormente, en Up in the air (si no la has visto, te la recomiendo totalmente) me parece que han sabido sacar de él registros insospechados. Seguramente, lo llevaba dentro el actor, pero hasta que no viene un director tan bueno como Jason Reitman (en Up in the air) o aquí, Alexander Payne, y logra sacárselo, pues siempre estaba haciendo de él mismo.
      Pero claro, estamos hablando de dos de los mejores directores de la actualidad, que utilizan la comedia, el drama, la ternura y la mala leche, todo junto. Así, cualquier papel protagonista es un bombón. Clooney ha sabido elegir muy bien estos papeles y ha acertado.
      Ya sabes, tú también estás en tu casa.

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