Hable con ella (Pedro Almodóvar, 2002)

En la primavera del 2002, Pedro Almodóvar estrenaba su decimocuarto largometraje, titulado Hable con ella.

Si de algo nunca se podrá acusar al director manchego es de falta de valentía, de no arriesgarse en diferentes propuestas. A principios de este nuevo siglo XXI, Almodóvar ya tenía un nombre de enorme prestigio mundial. Venía de un éxito masivo con Todo sobre mi madre, que le había valido para arrasar en los premios Goya, además del Oscar a la mejor película extranjera y los BAFTA, a la mejor película extranjera, también y al mejor director (por encima del británico Sam Mendes y su American beauty).

Cuando muchos creían que no era capaz de igualar o ni siquiera, acercarse al logro anterior, sorprende a todos con una OBRA MAESTRA, y además, por primera vez, protagonizada absolutamente por hombres.

Hable con ella es una historia de soledades de dos hombres.

El primero, Benigno Martin, enfermero de profesión (interpretado fabulosamente por Javier  Cámara), lleva años ejerciendo su labor en una Clínica para pacientes en coma prolongado. Concretamente, son cuatro los que lleva cuidando en exclusiva a una paciente, Alicia Roncero (Leonord Watling), que él ya conocía y admiraba antes del accidente que la dejó  postrada.

Allí, conocerá a Marco Zuluaga (interpretado con absoluta  maestría por Darío Grandinetti),   un periodista que se enamoró de una torera, Lydia González (notable la interpretación de Rosario Flores), y que ahora sufre enormemente, al verla en situación comatosa prolongada en aquella Clínica.

Pronto sorprenderá el trato de Benigno con las pacientes (y sobre todo, con Alicia, a quien dedica día y noche).  A pesar de su inconsciencia permanente, Benigno la trata con todo el cariño del mundo, como si tuviera  “despiertos” todos los sentidos. La viste, la lava, la cuida, la acompaña… y le habla.

En este sentido, incluso aconseja a Marco (respecto a Lydia): “Hable con ella”. Y es que el  escritor de guías turísticas no sabe afrontar la delicada situación.

Almodóvar, con un guión soberbio (que le valió el Oscar en el apartado de guión original)

entremezcla sabiamente la necesidad de cariño de las personas, lo que duele y asusta la soledad, el vacío de muchas vidas y los intentos de llenarlas, de darles sentido.

 

El manchego nos enseña que incluso en situaciones límites (comas prolongados) el amor  , la necesidad de amar, el poder comunicarse con otra persona,etc… cobran más sentido que nunca.

La música de Alberto Iglesias es simplemente sublime, preciosa. Además, viene acompañada de una interpretación hermosísima de Caetano Veloso (Cucurrucucú, paloma).

Resumiendo, para no desvelar ningún detalle de esta trama compleja, pero con total sentido, estamos ante una enorme película, sostenida en un libreto genial, tierno, hermoso, trágico, extraño y unas interpretaciones fabulosas, sobre todo los dos protagonistas masculinos. La naturalidad e ingenuidad de Benigno (Cámara) es el contrapunto ideal a la lógica y fatalidad en que se ve envuelto Marco (Grandinetti)… y a pesar de ello, su amistad perdurará hasta el final.

 

Una música magistral, ya citada y un montaje, de Pepe Salcedo, que ajusta a la perfección todas las emociones, sorprendiéndonos de principio a fin, nos coloca ante una de las mejores películas de este nuevo siglo.

Calificación: 9, 75.

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