Ferry cross the Mersey – Holly Johnson, Paul McCartney, Gerry Marsden and Stock Aitken Waterman

La tarde del 15 de abril de 1989 ocurrió una de las tragedias más importantes que se recuerdan en Gran Bretaña.

Ese día se jugaba una de las semifinales de la F.A. Cup, la Copa de fútbol británica, entre los equipos de Liverpool y Nottingham Forest, que tenía como sede neutral el Hillsborough Stadium. Aquí jugaba sus partidos de casa,  el equipo de la ciudad (Sheffield), el Sheffield Wednesday.

Aquella tarde, como en cualquier otro partido que se disputaba en las islas, la policía decidió separar a las aficiones para evitar posibles enfrentamientos. Hay que considerar que en los años 80 se habían sucedido múltiples altercados entre hinchas rivales y con la policía, por culpa de la figura tan tristemente popular del “hooligan” inglés, que borracho por costumbre, se enfrentaba a todo el mundo en cada partido que se disputaba.

El primer gran error cometido por la policía (a quien el informe Taylor adjudicaría, más tarde, casi toda la culpa de la desgracia) fue situar a los más numerosos hinchas del Liverpool (el equipo más popular en esa década en las islas) en la parte más pequeña de las dos en que se dividió el campo.

Además, ya se había anunciado en prensa y radios, que el horario (las 3.00 p.m) era inalterable y que los aficionados sin entrada no podrían entrar al campo.

Además, una serie de obras empezaron a acometerse aquel día en la autopista M62, tal vez la vía por la que más aficionados del Liverpool estaban acudiendo al evento. Esto retrasó su llegada al campo,de manera cómoda.

El resultado fue que unos 15 minutos antes del comienzo del juego (2.45 p.m.) ya había bastante gente en el campo y se había formado una especie de tapón en la entrada por donde debían introducirse en su zona los hinchas del Liverpool.

Tampoco los escasos tornos disponibles (otro gran error) posibilitaban la fluidez del público.

De repente, y unos pocos minutos antes del comienzo (2.55 p.m.) la gente que estaba fuera ya oía el clamor de los que estaban dentro, al ver a los dos equipos salir al campo. Esto provocó escenas de nerviosismo entre los que querían entrar ya a ver el partido. Además, había gente que, bien sin entrada, bien con temor ante el exceso de gente en esa zona de acceso, no querían o no podían entrar, pero que de todos modos, actuaban como barreras para la entrada.

El árbitro dio comienzo al encuentro (3.00 p.m.), en lo que sería otro gran error, sin que mucha gente hubiera entrado aún.

La aglomeración de personas fuera del estadio, hizo que la policía creyera oportuno (otra grave decisión) darles entrada, y esto se sumó a otro gran dislate, pues nadie de la policía se apostó en la zona de entrada de las gradas, para ir distribuyendo uniformemente a los lados, a la impaciente afición del Liverpool.

A continuación, se desató la tragedia (3.03 p.m). Miles de aficionados corrían a ocupar sus posiciones, pero esto causó un aplastamiento de la gente que ocupaba las primeras filas, cerca del campo.

En aquella época, los campos (precisamente por los problemas causados por los hooligans, que solían tiempo atrás, invadir el césped) estaban vallados para no acceder al terreno de juego.

Lo que se suponía era una protección contra los vándalos, se convirtió en una jaula de tragedia y dolor. Cientos de personas literalmente se estaban asfixiando y estaban siendo machacados en esa escasa zona entre la valla que les separaba del campo y la presión de la gente a sus espaldas.

En los primeros minutos de juego, nadie se percató de la tragedia. Para cuando las cámaras enfocaron la zona de la tragedia y el árbitro se percató del hecho y suspendió el partido (3.06 p.m) poco se podía hacer ya.

Mucha gente empezó a saltar la valla e introducirse en el campo, los jugadores y el resto del estadio no daban crédito a lo que veían. Delante suya, decenas de personas habían muerto o estaban en el camino de tan duro trance.

Las imágenes de dolor y de gente llorando (el partido se estaba transmitiendo por la BBC) impactaron enormemente a toda la población.  No era para menos. 94 personas (casi todas jóvenes, y muchos niños) perecieron ese día. Cuatro días después de la tragedia, falleció en el hospital un muchacho de 14 años. Ya eran 95 las víctimas. y cuatro años después, un joven que estaba en coma vegetativo desde aquel día, también fallecía.

El número de víctimas quedó oficial y tristemente fijado para la posteridad, en 96 personas.

El gobierno encargó un informe de la tragedia al Lord Peter Taylor (que se haría famoso por este caso en todo el país). Las conclusiones, no por obvias, fueron menos demoledoras:

La policía había actuado de manera errónea en todos los aspectos señalados anteriormente (zona más pequeña para la afición más numerosa, poca presencia en las zonas-clave de las gradas, no retraso del horario de comienzo, etc…)

Aquello marcó un antes y un después en la seguridad en los estadios británicos: las vallas se suprimieron inmediatamente de todos los campos, y los campos más importantes también eliminaron las zonas de pie, abarcando con asientos ya todo el recinto. Además, el protocolo de seguridad de la policía en estos casos, cambió drásticamente.

En esa ola de incredulidad e indignación por lo acontecido, y de dolor por las víctimas, que  inundaba la opinión pública británica, unas pocas semanas después, a primeros de mayo de 1989 se publicaba una especie de homenaje a aquellas víctimas, en forma de canción, que supusiera un alivio económico y sobre todo, moral a los afectados (pensemos que los traumas psicológicos aún duraron mucho tiempo después, con gente que se echó a la bebida, además de parejas rotas, a causa del shock fatídico).

La idea partió de los productores de moda en UK, Stock, Aitken y Waterman (responsables del éxito de Rick Astley, Kylie Minogue o Jason Donovan). Decidieron hacer una versión del éxito de los 60 de la banda de Liverpool, Gerry & the Pacemakers, titulado Ferry cross the Mersey (el río que cruza la ciudad).

Con la participación de los artistas del momento (muchos de ellos, nacidos en Liverpool), como el propio Jason Donovan (éste, australiano) y otros de la factoría SAW, de Paul McCartney (que estaba a puntito de sacar el álbum Flowers in the dirt) o de Holly Johnson, el que había sido cantante de Frankie goes to Hollywood, o del grupo The Christians, además de Gerry Marsden, el fundador de Gerry and the Pacemakers, se grabó la canción.

Tras su publicación, en dos semanas ya había logrado el número 1 en el UK Singles, a finales de mayo de 1989, donde permaneció durante 3 semanas.

Otra triste pero honesta muestra de que la música estaba al servicio de los más necesitados.

 

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