El hundimiento del Titanic (Titanic, 1953, Jean Negulesco)

Esta tarde he visto la versión del hundimiento de este barco lujoso, de los años 50, que era la más conocida hasta que apareció James Cameron y su mega-producción.

Se puede afirmar que el impulsor definitivo del proyecto sobre esta catástrofe fue Charles Brackett (el que formara famosa pareja de guionistas con Wilder en enormes películas, como Días sin huella o El crepúsculo de los dioses). Él fue quien también en esta ocasión , escribió el guión y además, produjo el film.

Jean Negulesco, en esa época, era encargado para proyectos en mayor o menor medida, comerciales (ese año dirige también “Como casarse con un millonario” y al año siguiente, haría lo propio con “Creemos en el amor”, todas bajo el sello de la Fox) y fue el que estuvo al mando de esta “nave”.

La película se centra en la historia de varios personajes, pasajeros y tripulación, que viven el momento de partir en el viaje inaugural del mayor y más lujoso barco, que en la década de los años 10, cruzaba el Atlántico. Cuenta, además, sus vicisitudes a lo largo de esos 4 o 5 días, hasta que se produce el fatal desenlace, el hundimiento, a causa de un choque con un iceberg.

En concreto, la pareja protagonista, formada por Julia Sturges (interpretada eficazmente por Barbara Stanwyck)  y su marido, Richard (encarnado por un estupendo Clifton Webb, esta vez, destacado por lo inusual del asunto, como actor principal) muestran sus desavenencias como pareja (de hecho, aparecen separados) y sobre todo, sus diferencias en la forma de criar a sus hijos.

Julia, de clase humilde, y cansada de la vida que lleva su marido (bohemia y lujosa, de hotel en hotel, por Europa) decide llevarse a sus hijos a su América natal. Sin embargo, Richard, se opondrá a ello, embarcando con tal motivo, en tercera clase (no había billetes a la venta) para alegría de sus vástagos y desilusión de su esposa.

Una serie de acontecimientos se sucederán a modo de telenovela : Richard se entera de un tema capital que se refiere a su hijo, y se abandona al juego. Además, su hija (interpretada por la joven Audrey Dalton), una joven engreída y orgullosa, acaba enamorándose de un muchacho guapo y sencillo (un eficiente Robert Wargner).

Como elementos adyacentes de la historia, nos encontramos con otros pasajeros, como la “nueva rica”, Maude Young (Thelma Ritter) que realmente se corresponde con la famosa Molly Brown, o un sacerdote, George S. Healey (Richard Basehart), que vuelve a América tras ser destituido de su cargo por problemas con el alcohol.

En el apartado técnico, lo que más destaca, desde mi punto de vista, aparte de una eficaz música de Sol Kaplan  que aporta el necesario elemento dramático, aunque sin pretender destacar demasiado (lo que en cierto modo, se agradece), es el montaje de Louis R. Loeffler. Ya lo había hecho igual de bien en Laura y lo repetiría, posteriormente, en Anatomía de un asesinato.

Se trata de un montaje perfectamente medido. Realmente ayuda a que las historias (algunas de ellas, en principio, con poco interés) se vean con cierta atención. Pero lo más importante es que crea la suficiente tensión en el momento álgido de la película, que es todo lo que rodea al choque con el iceberg y el posterior hundimiento del barco.

Avisos de icebergs que son ignorados, iceberg que es avistado demasiado tarde, chalecos insuficientes e innecesarios en un mar helado y sin disponer del número adecuado de botes salvavidas, familias que se separan definitivamente (mujeres y niños sobrevivirán) con la carga dramática de las circunstancias…son argumentos que de forma cronológica, aparecen perfectamente montados.

Quizá, dentro de un guión sólido (pero sin estridencias, lo que seguramente correspondería con la realidad de la tragedia, en comparación con lo espectacular de la historia que nos cuenta Cameron), hay dos momentos “cumbre”: las despedidas del protagonista y su mujer, además del momento “padre-hijo”, ambos realmente destacables en el aspecto emotivo. Y es que la cercanía de la muerte nos hace ser mejores personas.

En definitiva, un film sin pretensiones (y eso que la temática podría haber dado lugar a historias increíbles), con un guión correcto, con unas interpretaciones eficaces, (sobre todo destaca la historia de la familia protagonista) y sobre todo, un montaje que hace bastante ameno su visionado.

Calificación: 7.

2 opiniones en “El hundimiento del Titanic (Titanic, 1953, Jean Negulesco)”

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