El Apartamento (The Apartment, Billy Wilder, 1960)

Ayer por la tarde tuve ocasión de ver otra vez, El Apartamento, del gran Billy Wilder.

Se trata de una comedia con toques dramáticos, o un drama con toques cómicos (según la perspectiva) que Wilder comenzó a rodar en septiembre de 1959.

El propio Wilder contó que la idea original del film era muy anterior. Concretamente, a mediados de los 40, tras ver “Breve encuentro”, de David Lean, que recordemos, trataba sobre la aventura amorosa de dos desconocidos, iniciada casualmente en la estación de tren. A pesar de que cada uno tiene su vida hecha, durante un tiempo se ven en un apartamento que un amigo de él le presta para esos encuentros furtivos.

A Billy Wilder le vino una idea interesante a la cabeza: ” ¿Qué pasaba con ese tercero que ha de subir al apartamento y dormir en el lecho caliente dejado por la pareja de amantes?”. En su momento, debido a los códigos de la moralidad imperantes en Hollywood, no creyó Wilder que el tema de las infidelidades pudiera exponerse con profundidad, lo que le hizo esperar a mejor ocasión.

Ya a finales de los 50, la “auto-censura” de los estudios era más laxativa, permitiéndose el estreno de películas con escenas y/o diálogos explícitos, como “El hombre del brazo de oro”, “Anatomía de un asesinato” (ambas de Preminger, adalid contestatario del Código) o la misma “Con faldas y a lo loco”, del propio Wilder, que se estrenaba sin el certificado de aprobación, cosechando un increíble éxito de taquilla, lo que debilitaba aún más las reglas sobre moralidad del cine.

En ese momento, Billy Wilder y I. A. L. Diamond, en su tercera colaboración (tras Ariane y tras Con faldas y a lo loco) decidieron volver a contar con Jack Lemmon (visto el éxito de esta última). Con ese propósito, escribieron el guión de El Apartamento.

El protagonista de la historia es un oficinista de una compañía de seguros, C. C. Baxter (Jack Lemmon), con nula vida social y al que el trabajo parece ocupar toda su existencia (de hecho, hace horas extras sin recibir contraprestación).

Baxter es alguien que no sabe decir “no”. Esto provoca que hasta cuatro de sus superiores, utilicen el apartamento de nuestro protagonista para sus citas extra-matrimoniales. A cambio le prometen la mejor de las recomendaciones, que le permita ascender en el organigrama de la compañía.

A su vez, empieza a “tontear” con Fran Kubelik (Shirley McLaine) una de las ascensoristas del edificio.

Por si no tenía bastante con los cuatro “inquilinos” de su apartamento, se le incorpora un quinto. Uno de los “mandamases” de la compañía, el señor Sheldrake (Fred MacMurray), Director de Personal, extrañado por tantas buenas recomendaciones sobre un mismo trabajador, indaga hasta descubrir “el apartamento”. Él también quiere participar.

La historia de amor se vuelve un trío cuando, por casualidad, C. C. conoce la relación de Fran, la ascensorista con el señor Sheldrake. Para éste, la relación es un simple pasatiempo, pues no pretende separarse de su mujer y sus hijos, aunque sea lo que prometa a Fran. Para Baxter, le supone un ascenso, con nuevo despacho para él sólo.

Pero para la señorita Kubelik, el conocer el “pasado mujeriego” de Sheldrake, le hará tomar una decisión que podría  condicionar el resto de su vida.

En el aspecto actoral, todo el reparto está maravilloso.

Jack Lemmon, interpreta a ese hombre solitario, de buen corazón y de quien todos se aprovechan. Borda  los momentos cómicos del film (como ya hiciera en Con faldas y a lo loco) pero amplía su registro, emocionando en grado sumo, en esos momentos dramáticos

y en esa especial relación con la ascensorista.

Shirley McLaine interpreta a esa chica guapa, simpática, de quien se ha aprovechado todo hombre que ha entrado en su vida. Su tristeza, cuando conoce que el señor Sheldrake es “como todos los anteriores”, traspasa la pantalla y es también nuestra tristeza. Sus momentos de alegría y ternura cuando aparece con C.C. Baxter también los comparte con nosotros, los espectadores.

Fred MacMurray es ese jefe, con gran presencia física, que aprovecha su cargo para disfrutar unos privilegios, entre ellos, el tener “aventurillas” con distintas empleadas de la empresa. Sale sistemáticamente indemne de esas relaciones, aunque por el camino va “rompiendo el corazón” de esas desdichadas muchachas. Su fuerte capacidad de convicción es lo que hará dudar a Fran hasta el final.

Ray Walston (como Joe Dobisch), David Lewis (como Al Kirkeby), Willard Waterman (como el señor Vanderhoff) y David White (en el papel del señor Eichelberger) son los cuatro jefes que, con total y pasmosa naturalidad por su parte, aprovecharán el buen corazón de nuestro protagonista y su apartamento, claro, para sus respectivos escarceos amorosos.

Jack Kruschen es el Dr. Dreyfuss, el buen vecino que, aunque confundido por la “vigorosa actividad sexual” de Baxter, le prestará la mejor de las ayudas en el momento de más necesidad.

Vive con su esposa, la señora Dreyfuss (Naomi Stevens) que, aunque indignada con su vecino, también le echará una mano.

Joan Shawlee, que ya había aparecido con Wilder en Con faldas y a lo loco, como directora de la orquesta de mujeres, en esta ocasión hace de operadora de teléfonos en la compañía y una de las acompañantes de uno de los jefes.

Edie Adams es la secretaria del señor Sheldrake. Lo que ella ha vivido y conoce cambiará la vida de su jefe y de la señorita Kubelik, definitivamente

Hope Holiday es Margie, otra solitaria, aunque casada, que añora a su marido (preso en Cuba) y que comparte una  Nochebuena “diferente” con C. C. , incluido glorioso por lo simpático, baile con él (sin duda, homenaje a Con faldas y a lo loco).

En el plano técnico, destaca desde los mismos títulos de crédito, la maravillosa música de Adolph Deutsch (que repetía con Wilder tras Con faldas y a lo loco) y aún más, el tema central de El Apartamento, titulado originalmente “Jealous lover” (amante celosa), compuesto por Charles Williams. Transmite esa mezcla adecuada de dramatismo y ternura que tan “al pelo” le viene a la historia.

La magnífica fotografía de Joseph LaShelle (nominada al Oscar) y la creativa dirección artística de Alexandre Trauner (ganadora del Oscar), que pasaron a la historia, sobre todo, por los planos de la oficina, donde C.C. Baxter es uno más dentro de la gran organización, representada por mesas en fila de trabajadores. Para dar una perspectiva de gran profundidad, dispusieron elementos del mobiliario e, incluso a gente más pequeña y a niños en el fondo del plano.

El preciso montaje de Daniel Mandell. Tras una intensa colaboración con Wyler (La loba, Los mejores años de nuestra vida…)comenzó una nueva etapa con el gran amigo de este, Billy Wilder, en Testigo de cargo. Aquí alterna a la perfección, los momentos drámaticos, románticos y de comedia, haciendo que las dos horas de metraje se nos pase en “un suspiro”.

El film fue todo un éxito en taquilla, pero aún más en la ceremonia de los Premios de la Academia de 1960, donde cosechó los Oscar a mejor película, mejor dirección y mejor guión (lo que le valió tres premios para Wilder),

además de la mencionada dirección artística en blanco y negro y el montaje de Mandell. También recibió nominaciones: Jack Lemmon, como actor principal (ese año debería haber tenido dos ganadores, Lemmon y el finalmente premiado Burt Lancaster, por El fuego y la palabra),

Shirley McLaine, como actriz principal (injustamente sin premio, como dijo Wilder, por culpa de una traqueotomía),

Jack Kruschen, como actor de reparto, en el papel del doctor (y que también podría habérselo llevado, por su gran sentido del humor y su gran humanidad, aunque ese fue el año de Peter  Ustinov en Espartaco)

la fotografía ya comentada de LaShelle y el sonido del nominado en tantas ocasiones (El Álamo, West side story, Los mejores años de nuestra vida…) Gordon E. Sawyer.

En definitiva, una OBRA MAESTRA, donde se conjuga sabiamente, elementos de drama, con elementos de comedia,

y donde se mezclan diálogos inteligentes y punzantes con otros más románticos y sentidos, rozando en algunos momentos la tragedia, aunque sin caer en ella.

Un reparto increíble, con unas actuaciones en general, memorables. Sin embargo, hay que destacar sobre todo, a la pareja protagonista, Lemmon y McLaine y la química tan brutal que desprenden (y que pocas veces se ha visto en pantalla) y a los “secundarios”, MacMurray, como jefe y Kruschen, como doctor, que están a la altura de los mejores principales de cualquier film.

Un guión sobresaliente, una dirección maestra y unos elementos técnicos perfectamente dispuestos, conforman una de las mejores películas de la historia del cine.

Calificación: 10.

 

13 opiniones en “El Apartamento (The Apartment, Billy Wilder, 1960)”

  1. Pingback: Anónimo
    1. Estoy completamente de acuerdo, Paco. La pareja Wilder-Diamond dio otra vez con la fórmula perfecta y mágica, tras Con faldas y a lo loco el año anterior.
      El guión nos provoca multitud de sentimientos muy diversos. Nos reímos de las situaciones disparatadas del protagonista, pero a su vez, nos “enfadamos” por su débil personalidad. Sin embargo, nos dura poco, porque nos causa mucha ternura e incluso tristeza por todo lo que “tiene que tragar” y por lo enamorado que está y lo buena persona que es.
      Ella, la ascensorista, también se nos muestra risueña en su trabajo, pero nos abre su corazón, llegando a emocionarnos por la mala suerte que tiene en los asuntos del corazón.
      Me fascina como en pocos minutos, y de la forma tan natural (lo que resulta dificilísimo) pasamos de un extremo, la felicidad, a rozar la tragedia, y viceversa.
      Esa habilidad solo es obra de unos cuantos elegidos. Y esta pareja (Billy Wilder y I.A.L. Diamond) pertenecían a ese selecto grupo.
      Gracias por tu comentario.

  2. Por cierto, por si alguien se pregunta qué es eso de la traqueotomía, lo explico.
    En los meses en que la votación para los Premios de la Academia de 1960 estaba abierta (o sea, los primeros meses de 1961), la favorita para el Oscar a mejor actriz era Shirley McLaine, por El Apartamento.
    Otra de las nominadas, Elizabeth Taylor por La mujer marcada, no tenía ni buena prensa (escándalos amorosos) ni el favor del público (que todavía no la había perdonado el que le quitara el marido a su gran amiga Debbie Reynolds). En el tortuoso rodaje de Cleopatra, la Taylor pilla una neumonía bastante severa, que está a punto de llevársela al otro barrio. Es tal la gravedad que tienen que provocarle una traqueotomía, para que pudiera seguir viviendo.
    Estas noticias, de la posible muerte de la actriz, llegan a Hollywood, y muchos, al parecer, de los votantes de la Academia optaron por la emotividad, como razón para ejercer el voto.
    Al final, Elizabeth Taylor se recuperó y ganó el Premio, y Shirley McLaine solo pudo recibir el apoyo de Wilder, cuando recogió sus premios aquella noche.

  3. Como se puede tener tantos conocimientos y tan precisos, desde este preciso momento considérame tomaszapa un incondicional tuyo.
    El análisis de El Apartamento con todo lujo de detalles es genial, y no conocía el verdadero motivo por el que le arrebató el Oscar Liz Taylor (por la que siento especial
    veneración) , La mujer marcada no era precisamente lo mejor de ella, porque aparte de su apabullante belleza, el personaje no merecía la estatuilla. Sin duda Shirley McLaine( a la que también admiro y es úna de mis diez) era merecedora del premio.

  4. Coincido con Paco, has creado un fantástico post. Además, nos has descubierto toda esa historia (también desconocida para mí) de la Taylor.

    Como ya sabes, es mi película favorita de Wilder. Y quizá es por lo que tú comentas, porque sabe pasar muy bien de la comedia al drama, y los protagonistas son totalmente humanos y reconocibles. De hecho, me veo en muchos aspectos de ambos (la bondad del personaje de Lemon, la mala suerte amorosa del de McLaine…). Y eso es lo grande, que Wilder nos engancha con esos dos personajes y sus vidas.

    Todo en ella me parece maravilloso, así que poco más puedo aportar. Es una obra maestra indiscutible.

    Un saludo.

    1. El que puede aportar poco soy yo, ante tu completo y sentido comentario. Cuando una película tiene buenos ingredientes (historia, director, interpretaciones…)normalmente lo que sale es grande. Pero en este caso, el resultado es la PERFECCIÓN.
      Lo más significativo no es sólo lo grande que fue la película, en mi opinión, sino lo que influyó en mucho del cine posterior, en el que abundaban los personajes perdedores pero tiernos y encantadores. Lo que significa que a muuuucha gente de distintas generaciones ha ido marcando o influeyendo enormemente este director y esta delicia. Otro saludo pa ti.

      1. Jajaja ¡muchas gracias! Es cierto que suelo hablar mucho desde el corazón. No lo puedo evitar, soy muy sentimental, y esta película me llega mucho. Desde la primera vez que la vi, quedé absolutamente sorprendida.

        Tienes toda la razón, sin saber tanto de cine como tú, creo que es y siempre será, una película que atrape a nuevos espectadores.

        Un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.