Black or white – Michael Jackson

En 1991, muchas cosas habían cambiado para Michael Jackson. Durante todo el año, había preparado el nuevo disco, octavo de estudio en su carrera, titulado Dangerous, y en el que, por primera vez, y bajo el nuevo contrato con Sony Music, Jackson estaba involucrado en toda la producción.

Ya no contaba con la ayuda de Quincy Jones, del que se separó tras la publicación del anterior trabajo, Bad, y sí de gente como Bill Bottrell o Teddy Riley. Este último, una recomendación del propio Jones a Jackson, imprimió al disco el famoso sello o estilo que se vino en llamar, New Jack Swing, que el productor abanderaba y que era un R&B más moderno y actual, que iba dirigido a los jóvenes más urbanitas, y que ya se había probado con éxito en artistas como Keith Sweat o Bobby Brown.

El disco fue todo un éxito comercial, si bien destacó en esta faceta aún más allende las fronteras que en los propios EEUU, donde sus ventas decrecieron y sus singles (casi todos, top-10 en el Hot 100) ya no llegaban sistemáticamente al número 1.

En cualquier caso, a finales del año 1991, y aún ajeno a todos los litigios judiciales y controversias que verían su reputación e imagen dañadas casi definitivamente, se lanzaba el single Black or white, adelanto de Dangerous.

Publicado en noviembre, ese mismo mes debutó en el Hot 100, con un impacto brutal debido, entre otros factores, al gran vídeoclip que lo acompañaba, famoso y recordado por la aparición de su leal amigo Macaulay Culkin y por la sucesión de rostros de distintas razas, sexos y apariencias, remarcando la nula importancia de la diferencia, cuando “todos somos iguales”.

En tres semanas, y concretamente la del 7 de diciembre de 1991, alcanzaba el número 1 del Hot 100 (arrebatándole el puesto a Set adrift on memory bliss, de PM Dawn), donde permaneció durante 7 semanas.

En UK (donde por cierto, todo el álbum fue un exitazo), también alcanzó la gloria, durante dos semanas de noviembre de 1991. En la lista de singles R&B tuvo un exito algo más moderado, el número 3.

A pesar de algunas críticas especializadas (como la de Rolling Stones, que comparaba en negativo el riff de este tema con el solo de guitarra de Eddie Van Halen, en Beat it), el tema era muy bueno y tuvo gran repercusión en todo el mundo.

Lo malo es que no repetiría el impacto con ninguno de los sencillos del disco, lanzados posteriormente.

 

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