Alma en suplicio (Mildred Pierce, Michael Curtiz, 1945)

Ayer tarde tuve el placer de ver nuevamente Alma en suplicio.

Estamos ante un clásico del cine negro (tan en auge en los años 40), pero también delante de un enorme drama. Ranald MacDougall, Catherine Turney y William Faulkner (escritor sureño, ganador del Nobel de Literatura en 1949) adaptaron con éxito la novela de James M.Cain, titulada “Mildred Pierce”, cuatro años después de la publicación de esta, en 1941. Otras geniales obras de este autor dieron lugar a películas emblemáticas del film noir, tales como Perdición o El cartero siempre llama dos veces.

El mismo título original (Mildred Pierce) nos coloca ante una película inusual, en el sentido de que la protagonista absoluta y el eje, a través del que giran todos los personajes y sus vicisitudes, es una mujer.

A ella, Mildred Pierce, la vemos salir de una casa, cerca de la playa, donde se ha disparado a un hombre. También a nuestra protagonista la vemos cuando es citada a declarar ante la policía, de madrugada, por la muerte acontecida.

La pronta asunción de  culpa del posible autor del crimen (el ex-marido de Mildred, Bert,  habría matado a su actual pareja, Monte Beragon) provocará que Mildred inicie una larga confesión, que durará toda la noche, con intención de exculpar a su ex-marido (“nada tiene que ver”, dice ella).

A continuación, le contará al Inspector Peterson (y de paso, a nosotros) todas las peripecias vividas por una mujer, que queda sola y con dos hijas y que con su tesón, alcanza un estatus de mujer independiente y triunfadora en los negocios.

Mediante “flash-backs”, también conoceremos lo tortuoso de sus relaciones, tanto las de familia, como las sentimentales, con los hombres. Todo un drama.

Mildred Pierce (interpretada de manera soberbia por Joan Crawford) es una mujer a la que, como a muchas otras personas, la Gran Depresión golpea con fuerza. Su marido, Bert Pierce (Bruce Bennett), socio en una inmobiliaria con éxito, se ve en la calle. Tiene dos hijas, Veda (Ann Blyth) y la más pequeña, Kay (Jo Anne Marlowe) a las que pretende seguir ofreciendo una vida confortable, y para colmo, pronto se encontrará sola (su marido se marcha) para hacer frente a todo.

Desde abajo (camarera en un restaurante), Mildred aprenderá del negocio, y gracias a su resolutiva y emprendedora actitud (la de una mujer independiente) decidirá abrir su propio  restaurante. Para este proyecto, le será de gran ayuda, el ex-socio de su marido y durante largo tiempo, pretendiente, Wally Fay (Jack Carson, en tal vez el mejor papel de toda su carrera), que le conseguirá la casa donde abrir el negocio, y seguirá aconsejando y pretendiendo a Mildred.

El propietario de ese inmueble es Monte Beragon (Zachary Scott), un guapo hombre, de respetable estirpe, que lleva una vida lujosa y ociosa, lo que le hace acumular deudas de manera preocupante.

Pronto, formará parte de la vida de Mildred (llegarán a casarse) y posteriormente, de su negocio.

Mildred triunfará, llegando a abrir una cadena de restaurantes,  llamada “Mildred´s”, por todo el sur de California. Sin embargo, no correrá la misma suerte en los afectos.

El destino le jugará una mala pasada, que le hará volcarse aún más en Veda, una joven “malcriada”. Esta  persigue llevar una vida lujosa y festiva (igual que su “padrastro” Monte) y Mildred intentará conseguir su afecto, dándole lo que ella quiere.

La relación madre-hija, totalmente compleja y dificultosa, con Monte, como el tercero en discordia, se tensará hasta provocar un desenlace realmente sorprendente.

Si durante todo el metraje nos hemos hecho varias veces la misma pregunta ( ¿Quién mató a Monte?), el final nos despejará toda duda al respecto.

En el apartado interpretativo, todo el elenco de actores cumplen sobradamente, aunque destacan obviamente las dos mujeres, madre e hija.

Joan Crawford, como Mildred, se muestra luchadora infatigable, abnegada madre, triunfadora en lo profesional pero infortunada en amores. Lleva las riendas del film y lo hace más que notablemente, lo que le valió el Oscar a mejor actriz ese año. Como anécdota, señalar que lo recibió en cama. Oficialmente estaba indispuesta, pero realmente es que le dio un ataque de pánico, antes de acudir a la Gala. Luego se mostró así de guapa en su lecho:

Ann Blyth es Veda, la hija mayor de Mildred. Interpreta a la perfección a esa chica que “debería haber nacido rica”. Intentará, con todas sus fuerzas,  perseguir lo que se propone, aunque en el intento, pueda provocar daños colaterales. En este sentido, se muestra como la “femme fatale” del género.

Además, destaca Jack Carson, como el amigo de la familia, Wally. Su desparpajo en los negocios, así como  con las mujeres (especialmente con Mildred) aparece muy natural. No es un actor. Jack Carson es Wally. Así de buena es su actuación.

Zachary Scott también destaca, como ese vividor, Monte, que primero atrae por su encanto personal y su forma de vida (que se lo pregunten a Vida), pero que nos mostrará gradualmente, un lado oculto inimaginable al principio.

Eve Arden, como Ida,  mujer de confianza y colaboradora de Mildred en el trabajo, también merece una mención. Es la “mente clara” que muchas veces necesitará Mildred, envuelta en “quebraderos de cabeza” económicos y sentimentales. Los espectadores de generaciones posteriores la recordamos como la Directora del Instituto en Grease.

Aunque pequeño, es sustancioso el papel de la actriz negra Butterfly McQueen (a quien la recordamos de Lo que el viento se llevó). Interpreta a Lottie, una chica de confianza para Mildred, que la ayudará en su casa y en el restaurante. Su aguda voz y gracejo, introduce el elemento “cómico” necesario, que haga de contrapunto a tanto drama en escena.

Técnicamente, hay también mucho que destacar:

La música del “omnipresente” austriaco Max Steiner. Más allá de las afamadas partituras para “Lo que el viento se llevó” o “Casablanca”, también en trabajos como Alma en suplicio, muestra toda su intensidad, ayudando a crear esa tensión narrativa.

La fotografía de Ernest Haller proporciona esa oscuridad tan necesaria en el género. Los planos nocturnos de Mildred son fantásticos.

El juego de sombras en los lugares cerrados  serán muy importantes en la trama.

Y finalmente, el fantástico montaje de David Weisbart. No era fácil darle estructura coherente a una trama enrevesada, con elementos de drama ( amores, odios, etc…), pero también de “film noir”( venganzas, ambiciones, engaños…), y logra hacerlo de manera natural. En ningún momento, percibimos esos saltos temporales o cambios de escena, que tan frecuentes son en esta película.

En definitiva, un glorioso drama enrevesado pero también una de los mejores y menos comunes  películas de cine negro, donde la mujer es la auténtica protagonista, para bien… o para mal.

Calificación: 9, 50

 

 

 

4 opiniones en “Alma en suplicio (Mildred Pierce, Michael Curtiz, 1945)”

  1. Pingback: Anónimo
  2. Pues pinta interesantísima (aunque creo que has contado gran parte de la trama jeje). Nunca la he visto, y tratando de tal manera el tema femenino, tendré que verla un día de estos.

    Muchas gracias por aportarnos todos esos detallitos: la directora de “Grease”, la actriz de “Lo que el viento se llevó”… Pues quizá no nos hubiésemos percatado durante el visionado.

    Un saludo 🙂

    1. Hola, Campanilla. Siento si alguna vez, se me escapa algún dato que no debía, pero no creas que es fácil contar algunas historias sin destripar cosillas.
      El film es un duelo de dos mujeres, madre e hija, y ambas están estupendamente. Un saludo.

  3. No te preocupes, era simplemente una sensación, pues no lo puedo saber a ciencia cierta ya que no he visto la película.

    Además, sé que siempre tratas de respetar al máximo lo que nos cuentas para no destriparnos nada. Y eso se agradece mucho.

    Otro saludo para ti 🙂

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